
La foto: nocturama
" Escribe las cosas que has visto, las que ahora están sucediendo y las que sucederán después, en el futuro." (libro de Apocalipsis)
Me ha recorrido una especie de escalofrío cuando leo acerca de Marla.
Marla Olmstead, seis añitos, una belleza propia de esa edad. ¿Quien no es bella en la niñez?
El asombro me saca de la rutina, me deja perpleja frente a la inocencia, el esplendor y la libertad de una niña que crea mundos delicados y sorprendentes. Un recuerdo lejano me acerca a esa rara luminosidad de la memoria, una vez tuve seis años y, como ella, escribí signos en papel, nunca con la genialidad que ella pinta, por cierto. Se es niño o niña sin saber cuánto valor en dinero o talento tiene lo que se crea. Ideas, colores, formas, representaciones, palabras, sonidos, el constante impulso que da felicidad, más aún si somos amados y protegidos.
Determinar si es arte o simples colores superpuestos no me corresponde. Hay personas expertas en esas cosas. Por el momento me alegro de ver que a los niños se les deja expresarse...
Lee más aquí:
www.20minutos.es/galeria/1270/0/0/
“Uno no escoge el país donde nace;
pero ama el país donde ha nacido.”
(Gioconda Belli)
A lo largo de Chile hay de todos los portes y para todos los gustos. Cada alcalde electo tiene una fijación con este espacio público, lo esgrime como una magna obra hacia la posteridad, cambiando a destajo la ornamentación, las estatuas, los asientos o las fuentes de agua. Luego viene el siguiente y así sucesivamente, ad eternum.
La Plaza de Armas de Santiago acoge al visitante sin discriminar; bancos de madera noble, jugadores de ajedrez, músicos buscando trabajo, escolares esquivando clases, predicadores fogosos. Las palmeras le dan un aire medio tropical que no le acomoda, pero en fin, algún criterio alcaldicio. Los espectaculares atardeceres entre los altos edificios, justifican todo ocio. Sentados junto a ancianos que dan de comer a las palomas, esperamos que el sol vaya cayendo leve y grácil, en un espacio de tiempo que apenas percibimos. Él y yo, sentados sin prisa, estamos ahí, intuyendo un momento eterno.
Toda plaza merece una fotografía, un cuadro, una pintura, un recuerdo. ¿Quién no guarda en su archivo personal una imagen detenida de un momento feliz? Como éste, cuando la tarde lenta y parsimoniosa nos abandona, nos deslumbra, nos inmoviliza, como un detalle perfecto.
Nunca es suficiente. Para una provinciana como yo, la fascinación de los rincones, las callecitas intrincadas y las grandes avenidas no termina con algunas imágenes digitales o unas breves páginas.
Santiago es mucho más que cualquier reportaje o artículo medianamente escrito. Amamos esta ciudad irracionalmente, sin detenernos en sus muchos defectos o carencias; nos duele la pobreza, la suciedad, el hacinamiento. Por otro lado nos alegra el bullir, el constante viaje, las múltiples alegrías, los magníficos atardeceres, la nieve sobre Los Andes, el ondulante río que guarda vida. Los parques escondidos detrás de cualquier esquina...
Aquí escribí alguna vez de Santiago:
http://toyita.blogspot.com/2004/06/santiago-del-nuevo-extremo.html
Y otros han escrito aquí:
http://www.puntosantiago.cl/http://www.nuestro.cl/opinion/columnas/origen_familia1.htm
http://www.contactchile.cl/es/chile-santiago.php
http://www.zoologico.cl/~prodesign/inicio.php
http://www.chile.com/tpl/videos/pag2.tpl
http://www.uoct.cl/uoct/inicio.ns.jsp
Mirando concienzudamente el mapa del mundo no podemos pretender que los Ghanenses nos ubiquen dentro del planeta.
Ni los Togoleses.
O los Congoleños.
De milagro los Nauruanos saben que existimos.
Y para los Kirguiz nuestro nombre les debe sonar a garabato. O nos confunden con una comida picante.
Y nos ame.
Nuestro país es laaaaaaaaaaaaaaaarrrgooooooo (más de 4.200 klms.)
Al Norte, empezamos el viaje en eso del paralelo 17º.
Arica, dicen, es la ciudad de la eterna primavera.
Todo a lo largo cercado por el Océano Pacífico y ¿me creerías?, los mariscos y los peces son un alimento poco apreciado por los chilenos. Basta comparar la cantidad de carnicerías con las pescaderías. Como dice el refrán: “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.
Cuando ya no tengamos peces, soñaremos con un buen caldillo de congrio, una ensalada de atún o las machas parmesanas.
Somos pocos, comparados con ciudades grandes. Apenas 16 millones de habitantes en todo el territorio.
En Santiago, la capital no llegamos a los seis. Y algunos locutores de radio chauvinistas le llaman “el Gran Santiago”.
El nombre "Chilli" ya se conocía antes de la llegada de españoles por estos lados.
Sólo que el imperio Inca no tenía ningún interés en esa cantidad de tribus dispersas por un territorio tan lejano, dedicadas a vivir de la tierra, la caza y un poco de alfarería.
Nada organizado.
Eso de venir a colonizar el fin del mundo me parece de seres míticos, extraordinarios. Cuando leo las historias de Almagro, Valdivia, Magallanes o Pizarro no les encuentro explicación. ¿Sería la ambición? ¿Afanes de gloria? ¿Sólo soñaban con el oro?
Pienso que fuimos un sueño para ellos; una fantasía por descubrir. Una visión que les trastornó la vida. Y es posible que algo de eso hayamos heredado.
Me perdí la toma de los estudiantes “pingüinos”.
Ajena a la fiebre mundialera recién he venido a percatarme de los cambios que provoca cada evento como éste. A pesar del invierno, las lluvias, el frío...el fútbol vence barreras, incluso mi nulo interés.
Y los concursos de bellos jugadores, alegría en las miradas femeninas;
la risa de Ronaldinho.
Me perdí los sabrosos entretelones de la Presidenta Bachelet con la Sra. Hillary Clinton.
Y la tristeza que provoca la muerte de una escritora, Stella Díaz.
Me perdí el tributo a Borges. En algún próximo post voy a compensarme de eso.
En fin, todo tan importante, tan cambiante, sucesos que se deslizan uno tras otro sin darnos tiempo a meditarlos; tiempos de asombro...todavía. También de nostalgia por los amigos que no están...
En estos 21 días, muchas confidencias.
Emití algunas opiniones que a alguien le están cambiando la vida, aun cuando ha sido sin pretensiones.
Memoricé algunas palabras de El Libro. Parafraseé otras con mucho temor.
Ordené material de estudio, corregí pruebas de otros escritores, visité amigoas que a menudo reclaman de mi nula vida social, que parezco una aparición de mí misma, que soy una ingrata y todo eso.
Y cante mucho.
Oí grandes temas musicales y leí algunos autores entrañables. Música esplendente (si me permites ese antiguo adjetivo), nueva, tan hermosa que hace del baile algo noble, limpio, sin malicia.
Y oré.
Sí, nunca lo suficiente, por supuesto, pero oré sinceramente, esperando de Dios una respuesta a súplicas de necesidades imperiosas, casi ninguna personal. En realidad necesito solo algunas cosas para ser feliz. Una tarde de otoño, un té con naranja, un mate con toronjil, una buena plática, una canción medio salsera y Su Espíritu fluyendo, la certeza que Él está para sostener o cambiar la realidad, si es necesario.
Un regalo para un amigo especial:
"¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la silla de los escarnecedores,
sino que en la ley del Señor está su deleite,
y en su ley medita de día y de noche!
Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua,
que da su fruto a su tiempo,
y su hoja no se marchita;
en todo lo que hace, prospera."
Salmo Uno (Biblia de Las Américas).
La foto gracias a: Diario El Mercurio, fuente Emol.
"renuncio al peso muerto de mi terco pasado" Invariablemente te encuentras con los balances de final de año. Cada medio hace ...