
¡¡¡Es genial!!!
" Escribe las cosas que has visto, las que ahora están sucediendo y las que sucederán después, en el futuro." (libro de Apocalipsis)
Por primera vez en mi vida fui a ver la Parada Militar.Miles de personas circulaban en el Parque OHiggins como si fuera su casa, me sentía perdida entre tanta gente, demasiados olores a carne asada y polvo en suspensión.
De la Parada, nada. Ni siquiera tuve la oportunidad de acercarme. Miles de personas estaban delante de mí como una barrera compacta.
Cero posibilidad visible.
Me comí unos churros con mucha azúcar flor, deambulamos por el Parque, jugamos una Lota, por supuesto no gané nada -como saben soy nula para los juegos de azar-, y me reí mucho con los chinchineros.
Las competencias de volantines le daban al aire un colorido precioso e inocente. Hay personas que han hecho de los volantines un verdadero arte.
Ya tarde, a la caída del sol, regresamos a casa. En los rostros había cansancio, pero también una serenidad particular.
¿Y el desfile?
Lo veré en las noticias de la noche, supongo.
Foto: Viviana Morales para El Mercurio.
Chile, un país pequeño, largo y alejado de los grandes centros mundiales, celebra hoy sus 196 años -podríamos decirlo así-, de libertad.
En estos días los volantines nos hacen olvidar las tristezas y nos invitan a la fiesta que se huele en el aire."-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra." (Antoine de Saint-Exupéry)
No sé si solo los hombres saben que morirán. Una vez se murió un perro delante de mis ojos y su expresión era (como dice mi amigo ecazes) de desolación. Tal vez no sabía lo que era la muerte -¿quién lo sabe?-, pero esa mirada era una despedida, definitivamente. Los agnósticos adjudican a esa especie de angustia que a veces nos asalta a la conciencia religiosa y a la promesa de una vida eterna. “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”, gritaba el Apóstol Pablo.
“Para todos tiene la muerte una mirada”, escribe Pavese.
“Y la muerte no tendrá señorío…” sueña Dylan
Se nos enseña cómo vivir.
Poco a morir.
Alguna vez escribí:“Cómo vives y cómo mueres hace la diferencia entre la nobleza y la vulgaridad; entre lo inmortal y lo perecedero” (si deseas leerlo aquí va).
Entre las muchas alegrías, las huellas de sangre en mi vereda me entristecen.

Mi infancia estuvo llena de música y palabras que apenas recuerdo a través de un aparato bastante anticuado, nada que ver con los modernos equipos –debería decir equipazos- que se pueden adquirir hoy a no tan alto costo.
Recuerdo cuando oí por primera vez a Germán Gamonal, un tipo fuera de serie.
Y a Bonvallet, “casi se me cae el pelo”, era algo inaudito pero fascinante, con una mezcla rara, entre vergüenza y curiosidad.
Luego me hice adicta.
Recuerdo a De la Parra en la Duna con Puro Cuento. Inolvidable.
Y la clásica Terapia Chilensis.
O la gran variedad de música cristiana de Armonía, una de las primeras emisoras evangélicas.
Jamás imaginé que estaría detrás de un micrófono. Es una experiencia increíble, mucho, mucho más interesante que ser aficionada a escucharla.
No era habitual que mamá me invitara a una fiesta. Nuestro mundo giraba en torno a la iglesia, el colegio y el trabajo. Pero ese año, celebrando las Fiestas Patrias, fuimos a un lugar público donde se realizaba la festividad, cerca de nuestra casa. Todo un hito en nuestras costumbres. Sentadas en un lugar poco visible, mamá pidió algunas exquisiteces, empanadas, pajaritos dulces, un trozo de carne asada con papas fritas y un gran vaso de bebida.
De pronto se acercó a nuestra mesa un muchacho que, con toda gentileza, me invitó a bailar una cueca. Yo ni siquiera me había planteado la posibilidad de que eso ocurriera, le pedí disculpas, abochornada. No sabía qué era una “media luna” o una "vuelta en ocho", o sea, nada del tema. El no insistió y me sentí un poco apenada cuando se alejó entre las mesas buscando otra pareja.
En el día de mi cumpleaños Nº 18, mamá por primera vez me regaló música. No era costumbre en nuestra casa, por lo general silenciosa y solitaria, se escucharan canciones, mucho menos cuecas. Ella trabajaba todos los días, yo al colegio y mi tío en algún lugar por ahí, siempre de entrada y salida; lo normal era oír algún programa de radio o algunos himnos tradicionales.
Recuerdo el momento cuando mi madre alargó su mano con un paquete primorosamente envuelto. Era un compilado de cuecas. “Para que nunca más pases vergüenza”, me dijo. Y, aunque en nuestro mundo evangélico no se bailaba por considerarlo demasiado "mundano", ella superó esa norma. Me costó bastante tiempo aprender a mover los pies y vencer mis prejuicios, y creo que ese ha sido -con todo lo que significa- uno de los mejores regalos de cumpleaños que he recibido.
"¡Mira, el invierno se ha ido,
con él han cesado y se han ido las lluvias!
Ya brotan flores en los campos;
¡el tiempo de la canción ha llegado!
Ya se escucha por toda nuestra tierra el arrullo de las tórtolas.
La higuera ofrece ya sus primeros frutos,
y las viñas en ciernes esparcen su fragancia."
Todos los colores nos invaden y nos dejamos penetrar por la belleza.
¿Por qué no disfrutar la primavera?
(Los versos: Rey Salomòn.
La foto de :Thomas Briggs)
El día es claro, tan claro que hace la realidad casi transparente. Un sueño que ocurre frente a mi ventana, independiente y ajeno al ojo observador.La brisa mece las pequeñas yemas de las rosas que pugnan por salir, quizá para mirar de cerca el desfile.
Todos -pequeños y adultos-, entrenan sus mejores trajes; la plancha hace maravillas con los ternos antiguos, un poco demodé. Otros se han esmerado, faldas bordadas, pantalones de buena factura, instrumentos musicales brillantes, sombreros de fieltro, trajes de huaso impecables.
"¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo!
Ya se oyen los claros clarines.
La espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines..."
Uno a uno, en filas a lo ancho de la calle van pasando. La música llena el espacio, zampoñas nortinas, quenas, guitarras, muchas guitarras de sonido alegre, en realidad todos andan alegres, en especial los niños que disfrutan sus manzanas confitadas, algodones dulces y helados de sabores raros.
Los amigos saludan con sobriedad, alzando la mano desde lejos, temerosos de romper la formalidad del cortejo. Todos caminan acompasadamente muy serios. Me sigue pareciendo un sueño, tal vez porque desde mi ventana es sólo eso...un instante fugaz.
No sólo se ama lo tangible.
La capacidad que tenemos nos hace amar ideas tan complejas como: patria, Dios o tribu.
Septiembre amaneció vestido de blanco-azul-rojo. La ciudad se prepara con sabores a empanadas, olores a flores y música alegre, para celebrar un año más de independencia. La gente sale de sus casas con los días un poco más tibios, los ancianos conversan con sus nietos, la calle se viste de optimismo.
Tal vez sea la certeza de una libertad heredada por la que hombres y mujeres lucharon hasta morir.
Eso también es amar.
“Siempre digna” (frase acreditada al Rumpy) - le dije a Silvia-, en un intento de levantarle el ánimo. El asunto es que en cuestiones de amor, no hay caso. Somos un poco “masoka”, nos encanta pasarnos “rollos” y que alguien nos consuele ¿o no? Lo extraordinario de estas penas es que el tiempo cura las lesiones y reanima en los fracasos.
Conocí un hombre -casado con 4 diferentes mujeres-, que por estos días vive solo. Tal vez, nos dice, mi error fue que “no hice las cosas bien”, o sea, no fue buen amador.
Nada fácil para una persona atendida y mimada por el sexo femenino.
Mi amiga M. permanece soltera, a pesar de sus pretensiones de llegar al altar vestida de gala, parir hijos sanos y tener “una casita en la pradera”, todo eso bucólico y soñado a más no poder.
Tanta rosa, tanto perfume, tanto brote de los árboles, tanta belleza y he aquí estamos solos, sin compañía para compartir impresiones, sueños, niños, espacios, cotidianeidades.
¡Qué desperdicio! ¿No?
La vida va colocando delante de nosotros las posibilidades. Qué tomar, qué dejar, esa es la disyuntiva. Elegir no es sencillo, cambiar si nos equivocamos, perdonar, pedir perdón, saber amar… ¡oh!, es todo tan complicado…
Les regalo este poema, a ver si aclaramos ideas...(o las enredamos,no sé).
SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
“Estoy enamorada” plantea la adolescente para argumentar acerca de ese estado medio etílico e intemporal de desconcierto donde pueden suceder las conductas más imprevisibles, poniendo en jaque principios, normas e incluso hipotecando el futuro en aras de un momento azaroso. El romanticismo ha ayudado mucho a potenciar esa visión idílica, casi ajena al mundo real. Pero, ¿es eso el amor?
Pienso que el amor no sólo es un sentimiento que nos hace vivir o una fuerza que nos potencia en el servicio al otro, sino mucho más. Amar -como perdonar u odiar- es una decisión de la voluntad y la razón.
Una de las más exactas definiciones que he encontrado no está en los miles de poemas escritos, leídos o declarados sino en estas palabras, que no serán el sentimiento en sí pero se acercan bastante más a la realidad.
“El amor es paciente y benigno; el amor no tiene celos ni envidia; el amor no es presumido ni vanidoso; no hace nada indebido, ni es egoísta, irritable o rencoroso; no se alegra de la injusticia, mas se alegra si triunfa la verdad.
El amor sufre sin desánimo, no desconfía de nada, no pierde la esperanza y soporta toda adversidad.
Llegará el tiempo en que se acaben las revelaciones, y en que no se hablará ya en diversas lenguas, ni el saber será necesario; pero el amor nunca dejará de ser.” (1 Corintios Cáp. 13)
(La fotografía es de: emol.com)
Otro ganador: Julio Carrasco, un poeta que con "Despedidas antárticas", se impuso entre más de 300 postulantes al Premio Revista de Libros, auspiciado por Empresas CMPC y dotado con un premio único de cuatro millones y medio de pesos más la publicación de la obra por el sello El Mercurio-Aguilar.
PIENSO EN LAS COSAS Y LAS OLVIDO
hoy mirar por la ventanilla de la micro
vuelve a tener para mí el mismo sentido que cuando era niño
nunca traté de explicarme por qué quedaba absorto
viendo pasar el mundo con la cabeza reclinada en el asiento
creo que lo que llamaba mi atención era el poco tiempo que
permanecen visibles
las particularidades del entorno, con la micro en marcha
en momentos así, hipnotizado por la visión del paisaje cambiante
el pensamiento parece resignarse a su falta de poder sobre
las cosas
con la edad añadí emociones a objetos y lugares:
trucos de adulto para aferrarme al mundo
una trampa al fin y al cabo siempre duele recordar, un
simple aroma
termina conteniendo el mismo daño que toda una temporada
La nieve se derrite
Los poros no respiran
La alegría retira sus espejos
La sangre no corre
Desbocada en
El altar del sacrificio.
La noche va estrellando sus terrores
Y las alimañas
Aúllan en sus madrigueras
Esperando para dar el zarpazo
En la vena de la presa derribada.
Salen las aves nocturnas
Y graznan en la oscuridad
Más profunda
Los gritos de las víctimas
Delatan el peligro
Nadie está seguro.
Si tú te niegas
Si tu presencia
No nos busca
Estamos inermes
Desolados
Inseguros en cualquier lugar
Aun en los más fortificados.
No te vayas
Quédate esta noche
Solo hoy
Para no morir
Consumidos por la sombra
Que avanza
Sobre la ciudad.
Me miró y con un matiz de desaliento dijo “Ojalá Dios lo quiera”.
¿Cómo no va a querer si lo ha prometido en múltiples ocasiones?
Indudablemente lo quiere.
Y nosotros, ¿creemos que así es?
¡Vaya, es que tengo unas ocurrencias…!
Con bastante temor me animo a parafrasear a Salomón, desde las constantes lecturas en el tiempo. Ruego seas benevolente por esta osadía de mi parte. Y si hay algo que se pueda mejorar, bienvenido sea.
“Esto es incomprensible dijo el Enseñador, mientras más lo pienso, más lo encuentro absurdo, ¡todo está sujeto a la fragilidad!
¿Qué provecho saca el hombre de afanarse tanto en esta vida?
Una generación nace y muere, luego otra, pero la tierra subsiste desde tiempos inmemoriales, indefinidos.
Hoy salió el sol y se ocultó en el horizonte; tal vez mañana las nubes no lo oculten, siempre el sol está ahí, haya chubascos o resplandezca sobre la tierra seca.
Y la brisa, ¡ah, esa deliciosa brisa o el amenazador huracán!, sin cesar van girando de continuo en círculos, hacia el Sur, hacia el Norte, jamás se cansan de deslizarse en el espacio.
Por otra parte, los ríos, esos torrentes invernales van a dar al mar, pero el mar jamás se sacia. A su punto de origen regresan los ríos, para de allí volver a fluir.
Todas las cosas hastían más de lo que es posible expresar. No se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír.
Lo que ya sucedió volverá a acontecer; lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡y no hay nada nuevo bajo el sol!
Eso ya existía en siglos anteriores, entre aquellos que nos precedieron.
Nadie recuerda a los primeros hombres, como nadie se acordará de los últimos. ¡No hay memorial suficiente para todos nosotros entre las futuras generaciones!
Yo, el Maestro, reiné en Jerusalén sobre Israel.
Y me dediqué de lleno a explorar e investigar en conciencia todo cuanto se hace bajo el cielo. ¡Ardua tarea para un simple ser humano. El resultado fue abrumador!
He observado todo cuanto se hace en esta vida, y todo ello es absurdo, ¡es correr tras el viento! Ni se puede enderezar lo torcido, ni se puede contar lo que falta.
Me puse a reflexionar: Aquí me tienen, engrandecido y con más sabiduría que todos mis antecesores en Jerusalén, y habiendo alcanzado todo cuanto se podía experimentar, dedicado de lleno a la comprensión de la sabiduría, y hasta puedo advertir con facilidad la majadería y la tontera. ¡Pero aun esto es como querer alcanzar el viento!
"renuncio al peso muerto de mi terco pasado" Invariablemente te encuentras con los balances de final de año. Cada medio hace ...